El arte sonoro se ubica en el contexto contemporáneo como un espacio que invita al sonido y a la escucha, sirviendo además de dispositivo crítico ante la dominante tendencia a ver, pensar y tocar. En esta forma de arte, el sonido se busca como elemento y método central de reflexión estética, sensorial, material y conceptual. Esquivo a las definiciones cerradas, el arte sonoro busca su propio nicho en la práctica, especialmente en la escucha y en ámbitos como la escultura, la instalación, el performance y la composición.

El sonido es un elemento fundamental de nuestra experiencia vital, aunque a menudo ignorado en cuanto a la atención y reflexión que le brindamos. Como medio, técnica, proceso y objeto artístico, ha estado presente en parte del discurso musical desde hace milenios, pero es apenas en la época contemporánea donde, más allá de las categorías y de la mano de la exploración tecnológica, se abre a nuevos rumbos y se reivindica como espacio de creación en sí mismo. Si bien el arte sonoro se realiza mediante métodos no electrónicos como la escultura y la instalación, es en los procesos de grabación del paisaje sonoro y la manipulación digital de sonidos, objetos y espacios, donde se encuentra la riqueza de posibilidades para el trabajo con este, emprendido a menudo como una senda que va desde y hacia la escucha.

Escuchar se ubica en este contexto como silencio y detención, como atención a las manifestaciones de lo que suena, para permitirse desde allí una apertura a nuevas dimensiones. La escucha es callada e invisible, implica no sólo un método de acercamiento al sonido, sino una actitud de meditación, imaginación y creación de realidades desde la experiencia el sonido mismo y sus relaciones, ejerciendo así un rol que trasciende lo audible para dirigirse a aspectos propios de la actividad humana, tales como el lenguaje, lo sensorial, el espacio-tiempo, la materia, lo afectivo y emotivo, el patrimonio, la cultura, la dimensión socio-política y la ecología.

Escuchas se presenta como una exposición que es fiel a esta pluralidad de procesos y manifestaciones de la producción artística sonora. Es una selección de composiciones de arte sonoro que reúne un total de doce obras reproducidas de forma continua y creadas como piezas para sonido multicanal, especialmente adaptadas por cada artista para exponerse en el LAB3. Dichas piezas reflexionan directamente sobre la incidencia del sonido dentro de valores estéticos propios de las artes visuales: espacio, forma, superficie, textura, cuerpo, materia y concepto, en el caso del sonido replanteados desde valores propios del mismo como transitoriedad, ubicuidad, invisibilidad, vibración y escucha.

La selección de piezas está encaminada a la reflexión del sonido como dimensión artística propia e independiente, buscando asumir su presencia como espacio de inmersión en la escucha que invita a la quietud, al silencio y a la reflexión. Así, el LAB3 se propone no como un lugar que se agota en una mera visita, sino ante todo como un espacio íntimo de diálogo recurrente, donde varias escuchas expanden la conciencia a través del sonido, dentro y fuera de la sala, a la cual se incita a volver una y otra vez.

– Miguel Isaza

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